La seguridad digital se enfrenta a un cambio de paradigma. Ante el crecimiento de filtraciones y ataques de phishing que exponen credenciales, expertos del Centro Nacional de Ciberseguridad del Reino Unido recomiendan abandonar las contraseñas tradicionales y adoptar las claves de acceso como método principal de autenticación cuando sea posible.

Una clave de acceso, también conocida como "passkey", es un sistema de inicio de sesión sin contraseña que almacena un sello digital en el dispositivo del usuario. En lugar de recordar y escribir combinaciones complejas, la persona solo necesita confirmar su identidad mediante métodos biométricos: reconocimiento facial, huella dactilar o PIN del teléfono. El dispositivo verifica la identidad del propietario legítimo y activa la clave única para esa cuenta.

La diferencia fundamental con las contraseñas es que cada servicio o aplicación tiene su propia clave de seguridad. Esto reduce drasticamente el riesgo de que una filtración en un sitio comprometa otras cuentas. Además, las claves de acceso no pueden ser robadas mediante ataques de phishing, ya que la clave privada permanece almacenada en el dispositivo y no circula por internet.

Configurar una clave de acceso es simple. La mayoría de plataformas, incluyendo Google, ofrecen la opción al crear una cuenta nueva o actualizar la configuración de seguridad. Solo es necesario acceder a la sección de privacidad del servicio y seguir las instrucciones. Muchas aplicaciones envían notificaciones para fomentar la actualización de métodos de autenticación.

Las ventajas respecto a las contraseñas son múltiples: no pueden ser interceptadas por phishing, no circulan en bases de datos filtradas, no exigen cambios periódicos y ofrecen un inicio de sesión más rápido. Los estudios revelan la magnitud del problema histórico: miles de millones de credenciales han sido expuestas en internet, frecuentemente asociadas a combinaciones débiles como "123456" o "password".

Sobre la seguridad biométrica, expertos señalan que los sistemas modernos de reconocimiento facial, huellas digitales y PIN han mejorado notablemente y resultan difíciles de eludir. Los dispositivos incluyen pruebas de autenticidad para evitar el uso de imágenes o grabaciones. Sin embargo, los especialistas advierten que si terceros conocen el PIN o método de desbloqueo, el riesgo aumenta, por lo que recomiendan mantener esa información privada.

Más allá de las claves de acceso, la higiene digital sigue siendo fundamental. Los ataques comunes aprovechan errores humanos: hacer clic en enlaces sospechosos, descargar archivos no verificados o reutilizar contraseñas. Algunas prácticas recomendadas incluyen activar autenticación de dos factores, usar claves diferentes para correo electrónico y servicios críticos, y mantener actualizados sistemas operativos y aplicaciones.