Stephan Schlamminger, físico del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología en Gaithersburg, Maryland, concluyó recientemente un ambicioso experimento iniciado en 2016 para medir la constante gravitacional de Newton, la fuerza que mantiene los planetas en órbita y los objetos sobre la tierra. El resultado no cerró el debate científico sino que lo amplificó: el valor obtenido no coincide con hallazgos previos, incluido el experimento que buscaba replicar.

Schlamminger describió la experiencia como "agotadora", comparable a "caminar por un valle oscuro". El equipo midió la constante, conocida como "la Gran G", en 6.67387×10⁻¹¹ metros cúbicos por kilogramo por segundo al cuadrado, un resultado 0,0235% menor al del estudio que intentaba reproducir. Aunque está dentro del rango esperado, genera una discrepancia notable que el físico comparó con equivocarse en unos milímetros al medir la estatura de una persona.

La constante gravitacional ha eludido mediciones precisas durante más de 225 años. El científico británico Henry Cavendish realizó el primer experimento en 1798, más de un siglo después de que Isaac Newton descubriera la gravedad. A diferencia de otras constantes fundamentales como la velocidad de la luz o la constante de Planck, que se conocen con seis o más cifras significativas, la Gran G cuenta con apenas cuatro dígitos y una incertidumbre de medición de 22 partes por millón, según el Comité de Datos del Consejo Internacional de la Ciencia.

Christian Rothleitner, físico del Instituto Nacional de Metrología de Alemania, explicó que la gravedad es extremadamente difícil de medir por tres razones fundamentales: es una fuerza débil comparada con las fuerzas electromagnética y nuclear; los experimentos requieren masas pequeñas que generan fuerzas gravitacionales ínfimas, y la gravedad es emitida por todos los objetos, haciendo casi imposible aislar la fuerza que proviene únicamente de la masa estudiada.

Para evitar sesgos, Schlamminger implementó una medida poco convencional: un colega agregó un número aleatorio a las masas y lo guardó en un sobre secreto hasta que concluyó el trabajo. El sobre se abrió públicamente en una conferencia en julio de 2024. El científico reconoce que los últimos diez años no fueron en vano. "La metrología de precisión no se trata únicamente de converger en un número, sino de exponer rigurosamente lo desconocido", escribió en su estudio publicado el 16 de abril en la revista Metrologia.

Ian Robinson, investigador del Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido, valoró el aporte del trabajo: si bien se encontraron problemas complejos, el equipo los abordó y generó nuevos resultados que podrían servir como herramientas para mediciones precisas en otras áreas que involucren fuerzas diminutas. Tanto Robinson como Schlamminger descartan que una física desconocida cause las discrepancias. Lo más probable es que efectos extremadamente pequeños y difíciles de detectar hayan sesgado algunos resultados. Schlamminger espera que investigadores más jóvenes continúen la búsqueda, aunque bromea: nunca se tatuaría la Gran G porque "es un número demasiado delicado".