Albert Einstein abandonó Alemania en 1933 y se instaló en Princeton, Nueva Jersey, donde vivió hasta su muerte en 1955. Su llegada a Estados Unidos marcó no solo un cambio geográfico, sino también un giro en su percepción del entorno cultural. Trabajó en el Institute for Advanced Study, un espacio que le permitió desarrollar investigación sin obligaciones docentes.
Durante su estadía en Princeton, Einstein registró reflexiones sobre la sociedad estadounidense que quedaron documentadas en entrevistas y publicaciones. Una de sus observaciones más citadas proviene de una charla con el editor William Miller en la revista Life, el 2 de mayo de 1955, poco antes de su muerte. En esa conversación, el científico expresó: "Lo importante es no dejar de cuestionar. La curiosidad tiene su propia razón de existir". La frase forma parte de una reflexión más amplia en la que Einstein vinculaba la curiosidad con los misterios de la realidad y la existencia.
Antes de instalarse definitivamente en Nueva Jersey, Einstein ya había observado la vida estadounidense como visitante. En 1929, durante una entrevista en The Saturday Evening Post, describió a la sociedad norteamericana como compuesta por personas abiertas, confiadas y optimistas. Destacó la facilidad del trato interpersonal y la ausencia de envidia que, según su perspectiva, contrastaba con dinámicas sociales europeas más rígidas y jerárquicas.
La convivencia diaria en Princeton consolidó estas impresiones iniciales. El entorno del Institute for Advanced Study, donde trabajaba sin jerarquías universitarias tradicionales, lo mantenía en contacto directo con académicos de distintas disciplinas. Sus caminatas cotidianas por la ciudad y la interacción constante con la comunidad académica reforzaron su visión de una sociedad más horizontal que la que había dejado en Europa.
Aunque a Einstein se le atribuyen frases que nunca pronunció, esta reflexión sobre la curiosidad está completamente documentada y ha sido citada en múltiples ocasiones desde entonces.

