El lanzamiento de Podría quedarme acá, el debut literario de Oriana Sabatini, llegó acompañado de una portada que generó inmediata repercusión por su estética e historia visual. Detrás de esa imagen hubo un proceso creativo que combinó inteligencia artificial, investigación forense y una producción realizada en una morgue real. La directora creativa Dolores Laboureau, conocida como Loli, fue quien reveló los detalles del proceso a través de sus redes sociales.

El proyecto comenzó en enero con una serie de bocetos desarrollados mediante inteligencia artificial que sirvieron como guía conceptual para definir la atmósfera visual de la novela. Sin embargo, el equipo entendió que el resultado final necesitaba una impronta más tangible. "La tapa terminó en una morgue real porque no había otra forma de hacerlo bien. Tuvimos que investigar cómo cambia la piel cuando muere, el color que toma, la textura", explicó Laboureau sobre el nivel de detalle que buscaron alcanzar.

La imagen principal fue protagonizada por Eugenia, amiga de Oriana y modelo elegida para posar dentro del set montado en la morgue mientras el equipo recreaba una estética vinculada con el límite entre la vida y la muerte. Tiziana Sabatini, hermana de Oriana, estuvo a cargo del maquillaje y colaboró activamente en el diseño artístico de la portada. El trabajo incluyó investigaciones sobre texturas, tonalidades de piel y elementos del ámbito forense. El backstage mostró guantes quirúrgicos, instrumental médico e incluso frutas utilizadas para generar determinados efectos visuales y referencias de textura.

Laboureau aseguró que la experiencia en la morgue estuvo lejos de los prejuicios previos. "La energía era tranquila, pacífica. Las chicas que trabajaban ahí eran jóvenes, de buena onda. Nada que ver con el preconcepto que uno construye. No había olor a nada", relató la directora creativa sobre la producción que se completó un mes después del contacto inicial con Sabatini.