Un tiroteo en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, donde un estudiante de 15 años mató a otro de 13, generó una cascada de amenazas que se expandió por establecimientos educativos de todo el país y también llegó a Uruguay. La multiplicación de estos episodios encendió alarmas en la comunidad educativa y en las familias, que buscan respuestas frente al miedo mientras intentan entender qué impulsa a los adolescentes hacia estas conductas.
Pediatras, psicólogos y especialistas en educación digital coinciden en que la respuesta no puede limitarse al castigo. Proponen acompañar a los adolescentes con escucha activa, vínculos sólidos y mayor presencia adulta. Un documento titulado "Abrazar la adolescencia", firmado por especialistas como la pediatra Carla Orsini y la educadora digital Lucía Fainboim, plantea que los adolescentes son portavoces del malestar social y reflejan las fracturas de una sociedad que ignora sus propios problemas.
Orsini, médica de la Sociedad Argentina de Pediatría, describe las amenazas como expresión de "una violencia constante, un abandono de las instituciones, de la familia y del Estado". Señala que los adolescentes "se sienten muy solos, están muy solos y desprotegidos" y utilizan estas conductas para decir "acá estamos y tenemos mucho para decir".
El pediatra Juan Pablo Bria, especialista en Adolescencia, subraya que "toda amenaza es una forma de comunicación". Cuando los recursos emocionales no alcanzan para expresar verbalmente lo que les sucede, pueden emerger formas más impulsivas o provocadoras. Su colega Julieta Nachajon aclara que estos hechos deben tomarse en serio, aunque frecuentemente incluyen componentes de imitación y amplificación: un evento de fuerte impacto mediático puede generar réplicas en distintos lugares.
La serie de amenazas expuso la fragilidad en el manejo emocional de los adolescentes y la carencia de referentes de confianza. Orsini advierte que revelan "soledad, desamparo, confusión, escasos o nulos límites, ausencia de contención". Los entornos digitales juegan un papel central: funcionan como amplificadores que validan rápidamente las conductas riesgosas y generan efectos de contagio, explica Nachajon.
Fainboim enfatiza que "los adolescentes están siendo un síntoma de un malestar que como sociedad no estamos observando profundamente". Subraya que existe desconexión entre el mundo adulto y los jóvenes debido al aceleramiento de la vida contemporánea, el uso de pantallas y exigencias constantes. "Si no escuchamos estos síntomas, estos llamados de atención se van a volver cada vez más intensos", advierte.
Para las familias, los especialistas recomiendan informar sin paralizar, establecer límites claros y promover escucha activa. Bria aconseja validar las emociones de los adolescentes y transmitir que los adultos están atentos. Las escuelas, por su parte, deben generar espacios de diálogo entre alumnos, docentes, familias y profesionales de salud, e implementar protocolos de seguridad sin limitarse a medidas punitivas.
El documento concluye con un llamado a políticas públicas de acompañamiento, más espacios recreativos y sociales, y mayor articulación entre familia, escuela y sistema de salud. Los especialistas insisten: sin salud mental no hay salud.

