Un equipo internacional liderado por la Universidad de Córdoba evaluó durante la última campaña agrícola el uso de agua regenerada para riego en campos experimentales de zonas áridas y semiáridas de España. Los científicos compararon la producción, calidad del grano y estado del suelo al utilizar agua reutilizada frente a métodos tradicionales, buscando soluciones viables para agricultores afectados por la escasez hídrica.
Los resultados, publicados en la revista científica Frontiers, muestran que el uso de agua regenerada mantuvo la producción de maíz en niveles similares a los del agua convencional. Los análisis de laboratorio confirmaron que los granos obtenidos cumplen con los estándares de seguridad alimentaria y no presentan diferencias significativas respecto a los producidos con agua tradicional. El rendimiento del maíz irrigado con agua regenerada incluso igualó o superó al de las parcelas regadas convencionalmente.
Uno de los aspectos clave del estudio fue monitorear la posible acumulación de sales en el suelo, que podría afectar la fertilidad de la tierra. Sin embargo, los controles realizados durante el período de investigación no detectaron niveles perjudiciales. Los expertos subrayan que el monitoreo constante y un manejo técnico adecuado de los sistemas de riego resultan fundamentales para prevenir problemas de salinidad.
El informe recomienda establecer protocolos de monitoreo periódico para evaluar el estado del suelo e implementar buenas prácticas agrícolas. Los especialistas señalan que adaptar los sistemas de riego y fertilización a las particularidades del agua empleada optimiza los beneficios. Además, el agua regenerada puede contener nutrientes que favorecen el crecimiento y rendimiento de las plantas cuando se gestiona correctamente.
Frente al avance de la sequía y la sobreexplotación de acuíferos, la reutilización de agua tratada representa una estrategia de adaptación para zonas áridas. El uso de agua regenerada reduce la extracción de agua subterránea y minimiza el impacto sobre los ecosistemas locales, contribuyendo al equilibrio entre la producción de alimentos y la protección de recursos naturales. La experiencia en el sur de España valida la viabilidad de este enfoque en áreas mediterráneas afectadas por escasez hídrica.

