Wendy Duffy, una británica de 56 años, falleció en una clínica suiza especializada en suicidio asistido tras cuatro años de duelo por la muerte de su hijo. El caso generó una fuerte polémica en Reino Unido y volvió a encender la discusión sobre los límites legales del derecho a morir.

Duffy viajó a la clínica de manera planificada y utilizó sus ahorros personales para sufragar el viaje y el procedimiento. Según medios británicos, la mujer actuó de forma consciente y libre, sin presiones externas. La clínica informó que la paciente fue sometida a evaluaciones médicas y psiquiátricas que confirmaron su capacidad de decisión.

El hijo de Wendy, Marcus, tenía 23 años cuando falleció hace cuatro años. Murió accidentalmente al atragantarse mientras comía, un hecho que dejó un profundo impacto emocional en su madre.

Suiza es uno de los pocos países europeos donde el suicidio asistido es legal bajo ciertas condiciones. La normativa permite acceder al procedimiento incluso sin enfermedades terminales, siempre que se acredite plena voluntad y capacidad mental de la persona solicitante.

El caso reabrió el debate en el Reino Unido sobre una posible reforma legal en materia de muerte asistida, así como sobre la atención psicológica y el acompañamiento en procesos de duelo prolongado.