El plazo fijo sigue siendo una de las opciones más elegidas por los ahorristas argentinos que buscan guardar dinero sin exposición al riesgo. Las tasas actuales rondan el 18% y 19% nominal anual, pero la pregunta que muchos se hacen es si ese rendimiento realmente les permite ganarle a la inflación.

Con un millón de pesos invertidos a 30 días en Banco Nación, el rendimiento varía según el canal elegido. A través de sucursal, con una tasa nominal anual del 18%, la ganancia asciende a $14.794,52. Por home banking, con una tasa del 19%, el monto sube a $15.616,44. La diferencia parece menor, pero implica casi mil pesos más por el mismo período.

En términos porcentuales, esa inversión genera entre un 1,47% y un 1,56% mensual. Aunque el porcentaje anual suene atractivo, su aplicación proporcional en plazos cortos reduce significativamente el rendimiento.

El factor determinante es la inflación. Si el aumento de precios mensual supera ese porcentaje de ganancia, el inversor pierde poder adquisitivo pese a haber obtenido una ganancia nominal. En el contexto económico argentino, donde los precios varían constantemente, el plazo fijo frecuentemente queda rezagado respecto a la dinámica inflacionaria.

Otra característica clave del plazo fijo es su falta de liquidez. El dinero no puede retirarse antes del vencimiento sin perder los intereses acumulados. Esto lo convierte en una herramienta de bajo riesgo pero también de rentabilidad limitada.

Para perfiles conservadores que buscan seguridad, el plazo fijo mantiene su atractivo: desde el inicio se conoce exactamente cuánto se ganará. Pero quienes persiguen rentabilidad real suelen combinarlo con otras alternativas, como plazos fijos UVA que se ajustan por inflación o fondos comunes de inversión con mayor diversificación.