El Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) celebró la puesta en marcha del palangrero Argenova XIV, un buque que representa el retorno de una técnica de pesca que había estado ausente en el país. Científicos e investigadores de la institución destacaron su potencial tanto para la investigación como para garantizar el manejo sustentable de los recursos marinos en aguas australes.

Federico Luis Gorini, doctor en Ciencias Biológicas e integrante del Programa de Investigación de Pesquerías de Peces Demersales, Australes y Subantárticos, explicó que lleva 25 años monitoreando especies clave del ecosistema austral. Entre ellas figuran la merluza de cola, la merluza negra, la polaca, la salilota —también conocida como bacalao criollo— y la merluza austral. "El principal objetivo es mantener y monitorear la biomasa de estas especies, además de asesorar al Consejo Federal Pesquero en materia de pesca sustentable", señaló.

Gorini observó que mientras la merluza de cola presenta una tendencia declinante desde hace años, el resto de las especies se mantiene en niveles estables o sostenibles gracias a las medidas de manejo implementadas.

El doctor Germán Lukaszewicz destacó la relevancia de que el palangre regrese como arte de pesca en Argentina. "Es una herramienta ampliamente utilizada en el mundo y fundamental para la investigación, especialmente por el tratamiento que se le da al pescado", indicó. Subrayó además que este sistema presenta ventajas ambientales significativas: no daña el fondo marino ni afecta la biodiversidad, una característica que lo diferencia de otras técnicas.

Desde la perspectiva operativa, el observador de pesca Cristian Piriz detalló que las tareas de laboratorio a bordo son realizadas por los propios observadores siguiendo protocolos específicos según la temporada y las condiciones de cada marea. También valoró las mejoras en habitabilidad y espacios de trabajo del buque, que optimizarán el desempeño diario.

Las mareas de los palangreros pueden extenderse hasta dos meses, superando ampliamente la autonomía de los buques arrastreros. Los anzuelos se calan a profundidades que van desde los 800 hasta los 2.000 metros conforme a la normativa vigente. Piriz enfatizó que la colaboración entre el sector científico y la empresa es fundamental: "El vínculo con las compañías nos brinda acceso a los recursos y a las muestras. El trabajo conjunto genera beneficios para la investigación, la industria y la sostenibilidad de las pesquerías".