Investigadores de un equipo internacional confirmaron el descubrimiento de GJ 251c, un planeta rocoso situado a solo 18 años luz de distancia que orbita una enana roja cada 53,6 días. El hallazgo se produjo tras analizar décadas de datos de diversos observatorios, que detectaron un bamboleo minúsculo en la estrella provocado por el tirón gravitatorio del planeta. En términos astronómicos, se trata de un vecino cercano del Sistema Solar.
El planeta es una supertierra con cuatro veces la masa de la Tierra que se encuentra en la zona habitable de su estrella. Sin embargo, los científicos advierten que estar en esa región no garantiza automáticamente condiciones para la vida. Todo depende de la composición de su atmósfera.
Los investigadores utilizaron simulaciones climáticas tridimensionales para proyectar cómo sería la superficie de GJ 251c bajo diferentes escenarios. Si tuviera una atmósfera idéntica a la terrestre, el planeta sería un desierto congelado con temperaturas de -100 °C y océanos sellados bajo el hielo. Esto ocurriría porque su estrella emite apenas el uno por ciento de la energía del Sol.
El panorama cambia radicalmente si la presión de dióxido de carbono es diez veces superior a la de la Tierra. Bajo esas condiciones, los modelos muestran un planeta cálido con océanos abiertos y temperaturas de 320 kelvin, compatibles con la vida. Una atmósfera rica en hidrógeno, en cambio, lo convertiría en un infierno de 500 kelvin, similar a un mini-Neptuno.
GJ 251c es actualmente el mejor candidato del hemisferio norte para ser fotografiado directamente por la próxima generación de telescopios gigantes. La distancia angular respecto a su estrella permitirá a los astrónomos aislar su luz para buscar señales de vapor de agua o gases que revelen su clima real. Existe una paradoja en este estudio: los científicos emplearon los mismos modelos que miden el calentamiento global terrestre. Mientras que en la Tierra el aumento del dióxido de carbono pone en riesgo los sistemas biológicos, en GJ 251c ese mismo gas podría permitir la existencia de océanos líquidos. El hallazgo subraya que la franja de habitabilidad es extremadamente estrecha y frágil.

